Piratas y corsarios

La isla sufrió violentos ataques de piratas y corsarios, el más cruel de ellos sucedido entre el 16 y el 27 de agosto de 1617 y perpetrado por una flota argelina de ocho buques. Se llevaron a Argel a 900 habitantes y en la isla solo quedaron 18 hombres y 7 mujeres que se escondieron en cuevas del monte y en matamorras, que son depósitos de cereales excavados en el suelo de algunas casas.

La vulnerabilidad de la isla se vio agravada por el extremo abandono por parte de la población, su aislamiento geográfico y la extensión de la playa, que facilitaba los ataques y hacía difícil la vigilancia, la cual terminó realizándose únicamente desde el Pico do Facho, donde de día se señalizaba mediante haces de ramas y de noche, con antorchas y hogueras.

Los recursos militares fueron siempre escasos y el primer bastión real de la isla, el Fuerte de San José, no se construyó hasta el siglo XVIII, en la época del Marqués de Pombal. A él se unieron dos posiciones defensivas en el Pico Castelo.

El principal objetivo de estos ataques era capturar a los cristianos para venderlos como esclavos. Para ello se escogía principalmente a los hombres sanos y jóvenes, a las mujeres casaderas y en edad fértil y a los niños, por ser el vehículo más fácil de propagación de la fe.

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